LA CIUDAD
Artículo por
Juan Arciniega
No es la primera vez que estoy así, estático, sin ganas de nada, sólo con el deseo de observar y observar, como vigilante nocturno, como si me pagaran por ello... A veces la ciudad parece muda. Nadie escucha sus mensajes urbanos filtrados desde el espeso humo citadino, hasta en las medias rotas de una prostituta del eje vial. Así empieza la noche..., aunque estoy en un piso alto, logro ver cada una de las mujeres que caminan insinuantes, ni siquiera se si son mujeres.
Ahí está otra vez el tipo del BMW negro, no distingo, pero sé que es el mismo que pasa todas las noches. Puedo jurar que es casado, y un respetable padre de familia. Su oficio es como el de muchos de esta ciudad; portar traje, usar corbata y ocultar su verdadera naturaleza humana detrás de un escritorio que lo hace sentir importante. Y sin embargo..., está aquí como cada noche, viendo a que puto se levanta.
Me gusta el barrio donde vivo, en este lugar puedes encontrar una muestra de cada uno de los personajes que se pierden en la inmensidad de esta ciudad: los artistas, los chicos banda, el chido, los campesinos, la secretaria ejecutiva, las niñas bien, los padrotes de discoteca, todos pasan por aquí en alguna hora del día, y yo siempre estoy alerta para observarlos...
Los edificios son parte del encanto, son como trazos expresionistas que se clavan perpendicularmente en el corazón del asfalto. Son gigantes de hierro repletos con ojos de vidrio que te miran por horas, como yo en estos momentos.
Me pregunto por qué alguna gente enloquece... La amiga actriz de mi primo Alberto, se lanzó de un balcón; vivía bajo presión, tenía muchas deudas, ya no encontraba trabajo como actriz y su galán la abandonó porque dio el viejazo - al menos eso dijeron . He perdido la cuenta de cuantas historias como ésta he escuchado. En poblaciones más pequeñas se piensa de otra manera, seguramente juran que el protagonista se drogaba, que enloqueció o simplemente se le metió el diablo, posteriormente se persignan y murmuran buscando ser escuchados que Dios lo perdone y lo tenga en su gloria. Pero en esta ciudad insana, un suicidio hasta tiene su encanto... No faltará quien afirme yo la conocí, y quien no haya corrido con tanta suerte, contará del amigo, de su mejor amigo que se lanzó de un edificio más alto todavía, así es esta ciudad no nos dejamos impresionar por nada ni por nadie- y así la amo...
Sigo en mi ventana, ahí vienen los chicos punks de la calle de atrás. Me dan tanta risa, con sus pelos de escobeta y rostros de chicos malos. En verdad no le hacen daño a nadie. Se recargan en un automóvil por horas y dicen algún piropo obsceno a las mujeres que pasan, pero si alguna de ellas los encara, se quedan callados sin saber qué hacer.
En el edificio de al lado vive un pintor, creo que se llama Carlos. Sé que pinta mucho, pero no ha expuesto nada. La temática en sus cuadros invariablemente es la ciudad. Pinta imágenes urbanas y un centenar de edificios chuecos, porosos, roídos y que parecen abandonados. Polanco, La Roma, Tequis, La del Valle, sus edificios pueden pertenecer a cualquier colonia de esta ciudad, porque en su generalidad son viejos. Otra característica de sus cuadros, es la inevitable capa de nebulosa que cubre hasta la mitad sus creaciones. El color de la ciudad: el gris.
Ahí viene el tipo del carrillo de hot dogs, me imagino que está avanzando la noche. Siempre pasa por aquí a esta hora, después de la venta masiva de danzantes poperos que salen de las discotecas. Me conmueve, trabajando a esta hora mientras yo no hago nada..., ni siquiera dormir.
Ese ruido si que lo detesto, los chicos motorizados, la bandita de los Harleys. Me divierte observarlos. No conozco a nadie y a la vez creo saber quienes son todos. Seguramente los integrantes de esta banda son Peter, George y Charlie, que en realidad no son más que Pedro, Jorge y Carlos, pero el fin de semana sacan sus chaquetas con el logo de Guns & Roses y disfrutan sintiéndose pendencieros perseguidos y admirados por un solo día.
Esta es la ciudad del juego eterno... Es la ciudad del quítate tú , pa ponerme yo. Es el juego de querer estar solo para buscar pareja y tener pareja para buscar la soledad. Es el juego de doña Blanca en polvo y de la víbora, víbora de la mar en algún café de la avenida Carranza. Es un volado y un albur. Es el juego de las escondidas y de algún chico sensible que pide can can por todos sus amigos. Es la ciudad del juego de los policías y ladrones, del córrele que te alcanzo y el juego del doctor...
También es el juego de la búsqueda, y así lo vi la semana pasada. Como estaba retrasado para una cita con una amiga, tuve que cenar en el restaurante vip´s de Morales. Me anote en la lista de espera. Había como nueve tipos antes que yo. Las meseras caminaban con su amabilidad forzada y sonreían como si tuvieran motivo importante para ello. Eran como las once de la noche. Una rubia despampanante irrumpió en el lugar, con voz grave y aterciopelada pidió que la anotaran en la lista. Es la Claudia comentaron un transexual de mucha fama. Por otro lado un grupito de gays se hablaban con señas, uno de ellos a pesar de su barba cerrada era más femenino que muchas amigas que conozco. Tocó mi turno, entré a cenar, sentí que las miradas me rodeaban, actué naturalmente. En la mesa de al lado había un jovencito de aproximadamente 18 años. Era rubio y delicado, sonrío conmigo y contesté amable, entonces hizo unas señas a otra persona, se que no me importa, pero no pude evitar girar la cabeza y ver a quien esperaba. Un anciano desagradable, vestido con un saco ridículo, se acercó caminando chueco y recargado en un bastón. Lo saludó de beso y se sentó. Los escuché hablar de cine, teatro y de la exposición de Jean Marc Ferrari y de lo bello que pasaron el fin de semana, es una de las ventajas de esta ciudad, siempre hay algo que hacer y a toda hora existe vida. En cualquiera de las formas imaginables: torcidas, reales, \\\"normales\\\", anómalas, subterráneas, callejeras, frívolas, estúpidas, intelectas, vida, vida y más vida...
Recuerdo cuando vivía en el interior del estado; la única pasión posible es la que aún siento por mi familia y por la naturaleza exótica de la huasteca. Pero fuera de eso, me daba la sensación de vivir dentro del cuento de Pedro Páramo y estar rodeado de muertos, atrapado en una rutina enloquecedora y por largos ratos de no saber que hacer. Las novedades eran muy pocas. A veces las fiestas de semana santa o de todos los santos, las lenguas venenosas de los medio criítas, o inventar que alguien te gusta para hacer la vida más interesante, pero no, generalmente era igual, como si todos los días fueran domingos u sus habitantes autómatas con pereza mental. Es una vida más fácil pero también más aburrida. Aquí en ocasiones me angustio. Pienso en lo difícil que es el medio y lo poco que deja la literatura, pero no importa; la posibilidad del cine, las conversaciones interesantes y algún concierto de Pearl Jam, Sabina o cualquier otro, terminan con la angustia.
Está cerca el amanecer..., ya empezaron a retumbar los rezongos del transporte público. El cielo comienza a rasgarse, las manchas de bermellón emergen de un fondo negro, rayas amarillas y biliosas comienzan a salir del horizonte. La contaminación aparecerá como un elefante gris que caminará sobre nuestras cabezas.
Es hora de dejar de observar y formar parte de todo... De introducirme entre la humanidad y convertirme en un ser anónimo. Espero que al regresar, no vuelva este maldito insomnio y pueda con mis respiros conciliar el sueño. Si no, seguramente me pararé nuevamente en la ventana y miraré, sin el afán de criticar, solo por amor a esta ciudad...
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