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Los Tesoros Culturales del Mundo Hispanohablante

La chica NO viene con el coche

Artículo por Marqués de Torrealta

Ignoro -lo cual es parte del amplio espectro de mi ignorancia- si mi manifestación en contra de la violencia de género me autoriza a hablar en sentido (aparentemente contrario) sobre otro asunto, quizá (digo quizá) más trivial, que se está volviendo a airear en estos días. Me refiero a la imagen de la mujer en la publicidad.
Todo el mundo sabe que quieren convertirnos en norteamericanos, excepto, quizá, en lo que a retribuciones salariales se refiere; ahora bien, a mí (no sé si a otros) me ha costado mucho convencerme de que ser español es una cosa grande, para que vengan ahora a aguarme la fiesta por un quítame allá esos senos. Y sospecho que estas campañas son fruto del puritanismo norteamericano, que está entrando en la vejada piel de toro con todo lo demás: el subir en el trabajo pisando cabezas de amigos, las hamburguesas, los nombres abreviados, el tuteo a las primeras de cambio. los tejanos, la democracia mal entendida (que la hay), la cruzada antitabaco, que tanto recuerda los desfiles de la Liga Antialcohólica en las películas del Oeste, la costumbre de ir en pijama por la calle (chándal lo llaman, pero la cosa es la cosa, y no su nombre)...
Vamos a ver: reconozco como inmoral la pornografía -lo cual no significa que esté en contra de ella; me limito a constatar su inmoralidad-; acepto y apoyo que se "luche" contra las imágenes degradadas de la mujer. Pero...
Pero todo está en la medida. Poner el grito en el cielo porque se anuncie un coche con una señorita apoyada en él, rasgarse las vestiduras porque un bote de maquillaje lo anuncie Claudia Schiffer (y no el bajito de los Hermanos Calatrava), clamar contra la opresión del sexo dominante (¿?) porque unos cereales muy buenos para hacer caquita sean propagandeados por una muchachita preciosa, y no a pelo o por El Fary, me parece sacar las cosas de quicio.
Más amplio, aún, que el espectro de mi ignorancia, es el del feminismo: hay mujeres partidarias de la pornografía; no sólo, sino que la defienden por escrito y con argumentos. Y otras, en cambio, que querrían eliminar a todo individuo del sexo contrario, guardando un poquito de semen activo (aunque haya decaído su calidad) para producir más hembras.
Vayámonos al hipotético, inencontrable centro de ese espectro: ¿qué tiene de malo que aparezca una niña bonita al lado del coche que se pretende vender? ¿Qué tiene de degradante, de humillante, de opresivo?
Cuidadín: quieren convertirnos en americanos: no fumar, no mirar a las mujeres, adelgazar, comer basura, llevar la democracia -el abuso de la estadística, como alguien la definió- a todos los ámbitos, cuando es solamente un sistema político -y provisional, hasta que encontremos algo menos malo.
Velad y orad, porque antes de que nos demos cuenta empezaremos a sospechar del vecino que tiene el bigote demasiado largo (o corto), del que no acude a las asambleas de vecinos, del que lee demasiado -o no lee lo que debería leer-, del que se viste con traje y corbata para salir a la calle, del que no entiende de fútbol, de todo el que es distinto... y del que mira a las mujeres como seres humanos hermosos: seremos norteamericanos, pero sin los anticuerpos individualistas que han ido criado los americanos de verdad a lo largo de siglos de homogeneización sumisa y dirigida.
Este querer meter en el mismo saco la violencia doméstica, la pornografía y los anuncios de L'Oréal puede convertirnos en algo peor que habitantes de una provincia, en algo peor que unos papanatas, en algo peor que unos puritanos. Puede convertirnos en norteamericanos, pero de imitación; no sé concebir nada más triste.

3-4/3/2003




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