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La Redvista Electrónica de Cultura Latinoamericana en Canadá Los Tesoros Culturales del Mundo Hispanohablante |
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Pedro Márquez es un joven que conoce la violencia urbana de cerca y trata de salir adelante en una institución ubicada en la colonia Zaragoza, mientras ayuda a otros chicos que enfrentan los mismos conflictos que él. Después de leer Los pibes del fondo, de Patricia Rojas, comprendió que el sufrimiento de los niños y jóvenes de la calle es igual en la Ciudad de México y en la de Buenos Aires. Él dará lectura y vida a algunos fragmentos del libro,
que se presentará hoy miércoles 17 de octubre a las 20:00 horas en el Centro de la Imagen, ubicado en Plaza de la Ciudadela # 2, Centro Histórico. Patricia Rojas, autora de Los pibes del fondo, es una periodista nacida en Mendoza, Argentina, que trabaja en la redacción de la revista 3 puntos, editada en su país natal. Tras cubrir la nota de Bananita, un niño de 13 años acusado de balear en la pierna a una vendedora de pizzas, la editorial que ahora publicó su primer libro le encargó un trabajo sobre la violencia y delincuencia en que se ven inmersos los adolescentes y jóvenes de los barrios más pobres de su país. Su proyecto inicial fue entrevistar a 24 jóvenes y que tomaran fotografías para elegir entre alguna de ellas la imagen de la portada, con la única consigna de no retratar sus rostros. La visión de los pibes fue similar, pues se encontraron imágenes que les llamaron la atención por su edad y condición social: la miseria urbana, la violencia, los tatuajes, grafitis y, sobre todo, sus pies calzados con tenis y hasta series de tenis sin persona alguna usándolos. Dos fotógrafos profesionales realizaron la edición final. Se eliminaron casi 300 imágenes y sólo se incluyeron 32. La foto que se eligió para la portada fue una imagen captada por Lili, una de las protagonistas, que retrata precisamente sus tenis en primer plano con su barrio al fondo. La depuración también se hizo en las historias, que terminaron siendo diez principales, aunque las restantes 14 aparecen intercaladas a lo largo de las narraciones. "La investigación comenzó a finales de 1997, y para junio de 1998 ya habían muerto dos de los chicos. Cuando desapareció G -protagonista de una de las historias más entrañables del volumen y sexta generación de chorros (delincuentes)- decidí que no continuaría con el libro, hasta que finalmente volvió a aparecer", aseguró Patricia Rojas, quien asistirá a la presentación de su libro al lado de Pedro Márquez. Aunque muchos de los jóvenes, cuyos testimonios en primera persona son el hilo conductor de las historias, no son propiamente de la calle, pues cuentan con familia y casa, tienen el factor común de que robaron cuando vivieron alguna dificultad económica. La droga, la violencia, el encierro, las armas de fuego y hasta la muerte son constantes también en las narraciones. Las fotografías, entonces, funcionan como la visión particular de este sector marginal, que ya aparece en toda Latinoamérica. "Los problemas en Argentina y México son similares, generados por la desigualdad. La diferencia es que en México los jóvenes de la calle no portan armas de fuego, pero el sufrimiento y la falta de apoyo es igual en cualquier país. El libro refleja cómo se desenvuelve un joven en la sociedad para reflexionar y para que vea que no sólo él sufre. Encuentras en el libro lealtad, certeza, cariño, pero también traiciones. Patricia comenzó su trabajo como una investigación, pero se adentró en el caso para terminar sintiéndose parte de lo mismo. Los chavos cuentan la realidad tal cual es: cruda", aseguró Pedro Márquez. La autora procuró no involucrarse sentimentalmente y le ayudó el hecho de establecer una especie de relación laboral con los chicos, pues se les pagaron sus fotografías. Sin embargo, ahora siente un cariño especial por ellos y cambió su forma de pensar con respecto al periodismo, al encontrarlo como una manera de transmitir las palabras de otros. "Uno pone mucho corazón en el periodismo. Es el mismo esfuerzo de comunicación el entrevistar a un ministro que a un chico de la ciudad oculta", afirmó Patricia Rojas. El título del libro hace referencia al nombre de la pandilla de G, que merodeaba por el fondo de la ciudad oculta, un gran callejón. Los pibes del fondo fue escrito por partes, casi como un diario. Al terminar sus entrevistas Patricia llegaba a su casa a escribir en la computadora, como si se tratase de una nota que tuviera que entregar para un diario. Es por ello que siente que fue un trabajo más periodístico que literario. Tanto niños analfabetos de Mendoza como adolescentes de Oaxaca -ciudades donde se presentó el volumen-, que creían que Argentina se localiza al norte de Los Angeles, comprendieron el trabajo de Patricia gracias a las imágenes y a las lecturas que escucharon. Ya no importa si son chorros o ladrones, si fuman porros o churros de mariguana; la vida en las calles es igual de difícil en todas las grandes urbes. La terminología local es la única diferencia.
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