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Los Tesoros Culturales del Mundo Hispanohablante
Núm. 61 - Dioses y cultura
Publicación de noviembre, 2001.
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XANTOLO, RITO PARA AGASAJAR A LOS OCCISOS Y EXPIAR LOS MALES DE LA COMUNIDAD

  Noticia por Georgina Hidalgo   (version pdf)

Para llamar a los muertos hay que tocar las campanas y tronar muchos cuetes. En el estado de Hidalgo, los difuntos de comunidades como
Xantolo, celebración tradicional de los huastecos de Hidalgo
Foto: Francisco Segura

Huixquilititla, Yahualica, Huautla y Atlaxpeco curan, protegen y arraigan a sus habitantes. Más que venir de visita a compartir alimentos, los muertos huastecos juegan un papel fundamental en la vida cotidiana de sus deudos. "Existe la concepción de que los difuntos interceden por ellos y brindan sustento", comenta la investigadora especializada en la huasteca María Eugenia Jurado.

Muerte, pobreza y desnutrición son una constante en esas comunidades que se ubican en la zona económica tipo "c", es decir donde se paga la cuarta parte del salario mínimo. Ahí los primeros días de noviembre se celebra el Xantolo, degeneración del latín Santorum, que es una fiesta para agasajar a los occisos y expiar los males de la familia y la comunidad.

Enfermera, protectora, dadora de empleo. En estos días nadie le niega a la huesuda el poder de convocatoria. Migrantes hacia las zonas urbanas, los huastecos regresan rigurosamente a sus terruños para el Xantolo.

Momento de comer tamales (alimento a los que casi no acceden durante el año), de bailar al ritmo de música sin letra, de escenificaciones satíricas sobre el comportamiento de miembros de la comunidad y de ridiculizar con máscaras de colorín a los mestizos con los que mantienen conflictos añejos, el Xantolo incorpora la religiosidad católica a las concepciones prehispánicas como el rito a Tlazalteotl, diosa que se lleva las inmundicias.

Con esta celebración, los huehues o danzantes (todos hombres) piden permiso a los padres de familia y entran a todas las casas del pueblo a exorcizar con sus bailes la mala actitud de sus miembros, hacen limpias y se llevan lo malo cuando acaban. Entre muchas alternativas, ridiculizan el carácter prepotente y abusivo de los mestizos y los militares.

"El año pasado la dramatización fue sobre Carlos Salinas de Gortari, incluso usaron una máscara de Hitler", cuenta María Eugenia Jurado, que ha acumulado en 20 años de investigaciones, información abundante sobre esta festividad y ahora la presenta editada en el libro El retorno de los muertos.

Pero el representar lúdicamente los problemas cotidianos y la historia del país no es la única parte rica de esta tradición. En la región huasteca hay diferentes tipos de danzas y cada una cuenta con su propia serie musical. La de los huehues -que predomina en Huixquilititla- va acompañada de música que exalta el ambiente agrícola de la comunidad, como la canción del pisch- pisch (un pájaro que destruye la cosecha), el venado, el toro, el canario y la xochilpitzahuatl. Existen también, combinadas o con sus series musicales independientes, las danzas de los tocadores de conchas de tortuga (casi desaparecida, en donde se gritan lamentos mientras se rasgan las conchas), de los matachines (que plasman la concepción de la muerte con diablos hispanos y dioses prehispánicos), de los cuanegros o juanegros (donde intervienen tres personajes, un negro, un blanco y una dama indígena) y de alonsos (con trajes de españoles, también ya desaparecida).

En el Xantolo los hombres adornan las puertas de las casas con un arco de flores y mientras los jóvenes truenan los cuetes para llamar a los muertos y los niños adornan con flores de cempasúchitl los tapetes para que las ánimas tengan guía, las mujeres -que no pueden danzar- inician el ritual de preparar los alimentos. Los bailes duran toda la noche y al final de la jornada los huehues se quitan las máscaras en señal de purificación.

"Las normas de la fiesta quedan selladas por la colaboración y la cosmovisión de arraigo, algunos hasta hacen juramentos de danzar durante siete años para que les vaya bien", explica la etnóloga y economista.

Con 20 años de vivir entre los huastecos, María Eugenia Jurado está convencida de que "le faltará vida para agotar la riqueza tradicional de la zona". Inicialmente atraída por la conjunción curativa y musical de la celebración del Xantolo, la etnóloga concluye que "no es una celebración folklorista, sino una fiesta donde van implícitas la economía, la política, e incluso la moral, pues cuestiona a la sociedad que los trata como ciudadanos de segunda".

El libro El retorno de los muertos de María Eugenia Jurado quiere propiciar la reflexión sobre el presente de las tradiciones indígenas. "Quiero que se conozca el rostro indígena y su interrelación con el rostro mestizo, con la esperanza de que se les reconozca como sujetos de derecho y no como objetos curiosos". Doctora en Antropología social, Jurado se asume como una "enamorada de la huasteca" y dará a conocer su libro junto con la música que se toca en el Xantolo. El disco contiene las interpretaciones del Trío Calamar (integrado por los hermanos huastecos Víctor, Cirino y Alejandro Moedano) quienes tocarán en vivo durante la presentación en el coyoacanense Museo Nacional de Culturas Populares el 26 de octubre, a las 17:00 horas

Rituos para los muertos en Xantolo fotografía de Francisco Segura

Rituos para los muertos en Xantolo fotografía de Francisco Segura



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