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La Redvista Electrónica de Cultura Latinoamericana en Canadá Los Tesoros Culturales del Mundo Hispanohablante |
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Más de 50 años dedicado a la poesía y de vivir en México lleva Otto-Raúl González (Guatemala, 1921). Y parece incansable. Su reciente poemario Oír con los ojos se presentará el miércoles 24 de octubre a las 19:00 horas en la Sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes, en un evento organizado por el Instituto Nacional de Bellas Artes. Es un libro, comenta el crítico y escritor Luis Alfredo Arango, sinestésico, de un río sonoro, Usumacinta de palabras, Papaloapan de colores. Es como si nos cayera encima una música en cascada, un alud de arpas eólicas -alud con laúdes temperados al unísono-. Es como si se abriera una brecha en la selva tropical, que nadie soñaría si no fuera porque el poeta nos trueca los sentidos: nos alumbra los oídos y nos enseña a "oír con los ojos". De acuerdo con Arango, el poeta guatemalteco libre de artificios hace que sus palabras lleguen con naturalidad y la madurez del trigo, que es el oro más fino; con la fecunda sencillez del trigo. La poesía de Otto-Raúl González, afirma, es un colibrí suspendido en el envés del aire y la luz; y aprecia que este libro "me inunda más allá de los sentidos". Reflexiona: "Este copioso aguacero de la más límpida poesía, tan suelta y espontánea como una conversación entre amigos; libre de polvo y paja: libre de narcisismos y de preocupaciones cosméticas; poemas desnudos donde el autor no se jacta de ser o de haber sido el epicentro de la historia, el ojo del huracán, el protagonista del siglo, el ombligo del mundo". El poeta guatemalteco, señala Arango, celebra las multiplicaciones eternas de la naturaleza y hace que en sus poemas convivan pacíficamente lo mismo Alá y Yahvé que Buda y los dioses del Olimpo. La creación del universo y las creaciones humanas, frutos del espíritu, se juntan en una hermosa sinfonía coral, sideral, submarina y terrestre, añade. Se trata también, dice, de una poesía de la paz y del sosiego interior; de la madurez. El poeta mira/escucha, y apunta, quizá con un estilete, sobre tablillas de ceras -como los escribas a la orilla del Nilo-; quizá en una pizarra, o en una placa de jade. Escribe en la palma de su mano o en un librillo de amatle. "Es un maestro, es un calígrafo de no sé qué dinastía china". Finaliza que si la poesía es un oficio antiguo entonces el poeta es un sacerdote laico. González no sólo es el amigo, el narrador y la persona amable, sino también un gran conversador, un gran fumador, un humorista fino y el hombre del haikú y los palíndromos, concluye con rango el autor del prólogo. Ochenta años de vivo y 50 de residir en México, Otto-Raúl González estudió letras y leyes en la UNAM. Sus poemas han sido traducidos a diversos idiomas y reproducidos en varias antologías de América Latina, España, Francia, Alemania, Suecia, Checoslovaquia, Polonia, China y Cuba. Lo mismo ha ganado premios (como el Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias) que sido integrante de jurado de estos (Casa de las Américas de La Habana, Cuba). Entre sus obras más importantes se encuentran: los poemarios Voz y voto del geranio, Cuchillo de caza, Oratorio del maíz, Diez colores nuevos, Poesía fundamental, Danzas para Coatlicue, El conejo de las orejas en reposo y Luna mutilada; los libros de cuentos De brujos y chamanes y El mercader de tortugas, y las novelas Diario de Leona Vicario y El magnicida. Elsa Cano, Francisco Javier Estrada, Daniel Olivares y Otto-Raúl González serán los encargados de comentar el reciente poemario de éste último, Oír con los ojos, el miércoles 24 de octubre a las 19:00 horas en la Sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes, donde también el actor Carlos Bracho leerá algunos de los poemas ahí contenidos. Entrada libre.
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