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Los Tesoros Culturales del Mundo Hispanohablante
Núm. 156 - José Carlos Mariátegui
Publicación de noviembre, 2009.
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CUANDO LA MUSICA ANDINA TOMO LAS CIUDADES POR ASALTO

  Ensayo por Hugo van Oordt H.   (version pdf)

CUANDO LA MUSICA ANDINA TOMO LAS CIUDADES POR ASALTO

Según la percepción de José Carlos Mariátegui el conflicto entre lo indio y lo blanco, entre los colonial y lo autóctono, está íntimamente ligado a los conceptos de centralismo y regionalismo.
El centralismo, asentado en las grandes ciudades de la costa —principalmente en Lima, la capital de la República— ha mantenido un culto y una nostalgia hacia la colonia que se ha manifestado en todas las formas artísticas, tales como la poesía, la literatura y la música.
Por el contrario el regionalismo —a pesar de estar dirigido por señores feudales criollos— ha sido el caldo de cultivo para el mantenimiento de la música autóctona, la música andina, a pesar de la inclusión de algunos instrumentos musicales como la guitarra y el arpa de procedencia europea, sin que estos sustituyeran en manera alguna a la quena y la zampoña como remembranza de la música del extinto Imperio de los Incas.
Sólo podemos rescatar el yaraví, forma poética lírica en que el gran cantor arequipeño Mariano Melgar expresa su amargura y su tristeza y la defensa de lo indio. No en vano Melgar además de poeta es un prócer de la lucha contra el poder colonial.
“El sentimiento indígena no ha carecido totalmente de expresión —Manifiesta Mariátegui— en este periodo de nuestra historia literaria. Su primer expresador de categoría es Mariano Melgar. La crítica limeña lo trata con un poco de desdén. Lo siente demasiado popular, poco distinguido. Le molestan sus versos, junto con una sintaxis un tanto callejera, el empleo de giros plebeyos. Le disgusta en el fondo, el género mismo. No puede ser de su gusto un poeta que casi no ha dejado sino yaravíes”.
En 1814, la aparente tranquilidad virreinal está a punto de zozobrar con la rebelión de Pumacahua —una de las 800 rebeliones indias acaecidas durante la Colonia— que adquiere una repercusión importante.
En la batalla de Humachiri (Puno), Melgar se batió como el más valiente dirigiendo la artillería, en los momentos culminantes bajó de su caballo y manejó el cañón con valor y entrega. Ramírez, general realista, destruyó las tropas rebeldes y Melgar fue hecho prisionero.

Sereno, estoico, grande, afrontó el injusto proceso sumario que se le instauró allí mismo, por ser un patriota. Fue fusilado en la mañana del 12 de marzo de 1815, cuando aún no había cumplido los 25 años. El padre del poeta mártir murió al saber la noticia.
La música criolla (constituida básicamente por el vals y la polka) ya se escuchaban desde finales del siglo XIX en los barrios populares de Lima inspirada en las danzas europeos que se bailaban en los elegantes salones. La primera generación de compositores criollos que se desarrolló entre fines del siglo XIX hasta 1920 conocida como "La Guardia Vieja", se nutrió del importante influjo de ritmos españoles como la zarzuela y la jota aragonesa, toda ella marcada por un colonialismo mental hacia la colonia y su añoranza. En los años 20 se operan cambios importantes en la estructura urbana de Lima y se empieza a sentir en los barrios populares la influencia de nuevos géneros musicales especialmente el fox trox, one step, tangos, etc. que comenzaron a desplazar a la aún incipiente música criolla. Es en este panorama en que aparece Felipe Pinglo Alva y marca el primer hito histórico en el desarrollo de éste género musical.
La inversión extranjera y la proliferación de fábricas textiles en Lima agitaron el ambiente de sus calles. Los barrios populares aumentaron su población, y los artesanos de antes comenzaron a constituirse en una emergente clase obrera. Mientras tanto, los sectores acomodados cerraban sus filas y se agudizaban las diferencias y confrontaciones sociales. La reivindicación social es entonces la más difundida de las voces de Felipe Pinglo, quien, desde las populares calles de Barrios Altos, denunciaba:
"Si muchos de nosotros auscultar pudiéramos / la verdad cruel y triste de este diario luchar / viviendo en un instante de mortal desengaño / compráramos los diarios para otorgarle el pan" (El canillita - vals)
Este aspecto social y popular en las composiciones de Pinglo, como se puede apreciar en su más famosa composición: "El Plebeyo" en el que planteó un drama social porque Luís Enrique, el personaje principal, era el plebeyo que amaba a una aristócrata pero su amor es condenado por la sociedad:
"Mi sangre aunque plebeya también tiñe de rojo / el alma en que se anida mi incomparable amor / ella de noble cuna y yo, humilde plebeyo / no es distinta la sangre ni es otro el corazón / Señor, ¿porque los seres no son de igual valor?" (vals, El plebeyo)

Felipe Pinglo con su abundante y extraordinaria producción, estaba inaugurando un nuevo capítulo en la historia de la música criolla peruana. El vals había sido, un inexpresivo conjunto de versos superficiales y fáciles melodías. Con Pinglo adquiere definitiva personalidad. En adelante será intencionado en sus versos, profundo en su melodía y esencialmente, mensajero de honda emoción social.
Pinglo no le rinde homenaje a la Lima mitológica de famas virreinales; la tradición perricholesca de la literatura que por entonces rememoraba con nostalgia el mundo hispánico. Pinglo como mestizo, vio la constatación de la vida y el universo social de su tiempo, que fueron plasmados en su obra. Gracias a Pinglo, la música criolla adquiere jerarquía, dándole interpretación al proceso de transculturización de nuestro pueblo, de la que nacieron también la polka, la marinera, el tondero, estilos musicales que teniendo antecedentes de otras realidades geográficas, son también representativamente peruanos.
Pero esta perspectiva no significó que dejaran de existir los adoradores del pasado colonial, que tiene como su exponente a la afamada compositora Chabuca Granda, autora de la Flor de la Canela, José Antonio y otras que evocan nostálgicamente la colonia. Aunque para ser justos Chabuca en la última etapa de su vida se relaciona con la música negra del Perú, y rescata costumbres populares, hasta le llega a componer una canción a Javier Heraud, poeta y guerrillero peruano que fuera asesinado por las fuerzas del orden y pobladores acarreados, en las aguas del río Madre de Dios en plena amazonía peruana.
En la década de los sesentas, cuando el desarrollo capitalista dependiente de Estados Unidos toma mayor impulso, se produce una migración forzosa de grandes contingentes de campesinos serranos hacia las ciudades de la costa, particularmente Lima, en donde surgen los llamados eufemísticamente “Pueblos Jóvenes” como verdaderos cinturones de miseria que cercaban la ciudad.
Los campesinos serranos además de su hambre y apremiantes necesidades nos trajeron también su cultura, sus costumbres y su música. El surgimiento de “Clubes Departamentales” se convirtió en verdaderas correas de trasmisión para conservar, sus fiestas, sus costumbres y su música en plena urbe.
Poco a poco la música andina tomaba posesión. Los “coliseos” (carpas en México) congregaban a los pobladores de provincias radicados en Lima, para escuchar al Jilguero del Huascarán, Pastorita Huarcina, y otros conjuntos serranos en verdaderas fiestas regionales, figuras nuevas como Martina Portocarrero, daban sus primeros pasos en estas ágoras populares.
La llegada al poder del grupo de generales demagógicos encabezados por Velasco Alvarado, que “oficializaron el quechua” abrieron espacios en la televisión para que la música andina pudiera entrar a muchos hogares limeños al margen que algunas radios como Radio Agricultura ya tenían espacios para la música andina.
A partir de 1980, cuando se inicia la guerra interna —teniendo en consideración que ella nace los departamentos de la sierra central—, surgen conjuntos y artistas individuales comprometidos con la lucha del pueblo peruano, que le cantan a la esperanza. Se había dejado de lado los lamentos, los amores frustrados y la descripción poética de ambientes serranos, para dar paso a la esperanza en un futuro mejor y el canto a los héroes del pueblo.
La canción ayacuchana “Flor de Retama” compuesta por un combativo maestro del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación, a raíz de la masacre de pobladores en Huanta y Ayacucho que se movilizaron en defensa de la gratuidad de la enseñanza, por parte del Gobierno Militar, se convirtió en el Himno obligado en cualquier manifestación popular.
La sangre del pueblo tiene ricos sabores/ huele a jazmines violetas geranios y margaritas/a pólvora y dinamita/Carajo/a pólvora y dinamita. (Flor de Retama – huayno).
La joven Martina Portocarrero había cobrado cierta fama dejando las humildes carpas para presentar sus recitales en teatros poco antes reservados a los adoradores de la Colonia.
Recuerdo allá por los ochentas cuando en el Teatro Municipal de Lima, le dedicara una canción a Abiamel Guzmán (el mítico dirigente de la Guerra Popular), que no indujo a poner nos de pié y desatar un aplauso prolongadísimo.
No podría terminar este artículo sin intentar hacer una semblanza de Walter Humala a quien conocí en México en los noventas, durante lo que el mismo definió como su autoexilio.
Lo conocí una tarde cualquiera en octubre del 92. Nos habíamos citado un grupo de compañeros peruanos, para encontrarlo en una estación del metro rosa, me parece que fue en Balderas.
Walter estaba en México invitado por CLETA para participar en La casa del Lago —antes de que la UNAM clausurara este espacio y de paso nos privara de una cultura popular y contestataria— a un festival de música y canciones latinoamericanas.
Serapio y Hermenegildo que me acompañaban (ambos quechua-hablantes ya ayacuchanos igual que Walter) no perdieron la oportunidad para entablar conversación en su legua madre, dejándome a mi “en la calle” sin entender nada.
Ese fue uno de los momentos en que lamenté no haber aprendido la lengua de los hombres, el Runa-simi, treinta años antes, cuando mi profesor de quechua Gabino Jáuregui se afanaba en impartirnos los conocimientos básicos del idioma de los incas. Debo reconocer que los esfuerzos del profesor no lograron mucho en mi —no porque le faltara clase y más bien por mi desidia— ya que sólo aprendí algunos piropos con que galantear y una que otra grosería.
Hacía muy pocos días de la captura del Dr. Abimael Guzmán —el respetado Presidente Gonzalo para miles de peruanos— extrañamente en Lima y sin disparar un solo tiro, hecho que me tenía profundamente preocupado.
—Es un hecho lamentable —me respondió— pero todo lo demás está intacto. El Partido tiene la obligación de continuar.
Hasta antes de conocerlo, mis conocimientos de música andina eran realmente insuficientes. Sólo había gozado del incomparable maestro García Zarate, ayacuchano y un gran virtuoso de la guitarra. Pero de Walter y su trayectoria musical no sabía prácticamente nada. Betty —mi entrañable compañera de amor y de aventuras— sabía que junto con su hermano Julio habían formado el Dúo Arguedas, con el cual los hermanos impulsaban el rescate de la música andina con un criterio social.
En la casa de la poetiza oaxaqueña Marisela Río Toledo, donde el se alojaba, comenzamos a conocernos un poco más. Allí me enteré que formaba parte de una organización de cantores populares que apoyaba la lucha que libraba en aquel entonces el pueblo del Perú y que había estado preso en Chile cuando “el chacal de los Andes” Augusto Pinochet, llevo a cabo su sangriento golpe de estado. La música peruana incluido algunos valses regados con cerveza había roto la barrera que separa a los costeños de los serranos, siempre desconfiados —por una herencia histórica— de los “banquiñosos” como yo.
También me enteré que tenía abierto en el Perú un proceso judicial, creo, por apología al Terrorismo.
Habíamos compartido muchas horas bebiendo, hablando de política, esperanzados en un luminoso futuro para nuestro país.
—Por eso me caes bien —afirmó— por compañero y por bohemio.
Ante la posibilidad de regresar —ya que el evento al cual había sido invitado estaba por concluir— Serapio le recomendó que recurriera al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados y solicitara ese estatus. Lo hizo y a través de este prestigioso organismo internacional, pudo traer a su familia.
Conocí a Amelia su esposa, a Chaska (que fuera la inspiración de una de sus más hermosas composiciones) a la pequeña Cusi y al buen Fausto. Compartimos reuniones y hasta una Pachamanca de olla que prepararon un domingo por la tarde.
Juntos participamos en algunos eventos políticos-culturales defendiendo la lucha de nuestro pueblo y denunciando la fragrante violación de los derechos humanos de parte del ejército y del régimen del vende-patria y corrupto Alberto Fujimori.
Su estancia en México duró relativamente poco. Más o menos dos años compartió con nosotros, sueños y esperanzas.
Los años iniciales para un desterrado son sumamente duros, sobretodo si se tienen obligaciones familiares que cumplir. Un día me sorprendió con la noticia de que la suerte estaba echada, su familia y luego él regresaría al Perú.
La dirección histórica del Partido había pedido a Fujimori el inicio de una rueda de “conversaciones de paz” lo que trajo serias polémicas. Walter opinó que había que estar allá para tener una idea mucho más clara de lo que pasaba, mayor motivo para abandonar tierras aztecas y regresar.
Ante mis temores totalmente fundados, de que era un riesgo regresar me dijo que no había problema si algo sucediera ya que uno de los momentos más felices de su existencia los había pasado en la cárcel. Esta afirmación que para cualquier profano pudiera ser descabellada, yo la entendí cabalmente porque a mí también me sucedía lo mismo. La cárcel aunque denigrante a la naturaleza humana, nos abre horizontes de análisis que otros no los tienen. Yo también solía rememorar mis días en “El Sexto” o “Lurigancho”.
En la reunión de despedida en la casa de Marisela, desde donde partiríamos al Aeropuerto, cantamos y sellamos una amistad duradera por no decir eterna ya que los absolutos no existen. Tuvo que ser nuevamente Betty —ella si sabe cantar música andina— quien le dedicara un huayno titulado “Fatal Destino”.
—Boca salada tienes carajo —le dije cuando a los pocos meses de su regreso lo habían detenido nuevamente.
Ahora sigue en su actividad artística con tantos bríos como en aquel tiempo
“¿Qué hacer frente a esta realidad? —Afirma Walter en una entrevista que pude obtener por Internet— la misma UNESCO recomienda ver el tema de la cultura como transmisor de valores, mecanismo de construcción de ciudadanía y cohesión social. No es posible, entonces, que desde la izquierda se sufra la misma indiferencia, centrándose sólo en la cuestión política y/o tecnológica. Es hora de organizarnos los mismos hacedores de la cultura en el Perú, estudiar seriamente el tema y luchar por nuestras específicas reivindicaciones como parte de las que le corresponden al pueblo y la nación peruana”. Bien cholo… no podíamos esperar otra cosa de ti.

XIV FESTIVAL DE LA HUASTECA en San Felipe Orizatlàn, Hidalgo. Fotografías de Jorge Vargas/Conaculta.

XIV FESTIVAL DE LA HUASTECA en San Felipe Orizatlàn, Hidalgo. Fotografías de Jorge Vargas/Conaculta.



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