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Vienes con el recuerdo a sacudirme,
a moverme, estrujarme y
despertarme.
Tienes la voz exacta con que
hablarme
y el delicado gesto para oirme.
Llegas cuando la angustia viene
a hundirme
y el llanto existencial quiere
anegarme,
sabes con tu presencia confortarme
y con diluído amor desentumirme.
Eres providencial como el rocío
y necesario cual viento fuerte
para sacarme pronto del vacío.
Sé que debo llamarte sin recelo,
porque vendrás a ver mi diaria
muerte,
mi oscura soledad y mi deshielo...
Del poemario Sarah... la Luna... la muchacha y...
(Centro Editorial Universitario de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez)
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