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La Redvista Electrónica de Cultura Latinoamericana en Canadá Los Tesoros Culturales del Mundo Hispanohablante |
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La certeza de la existencia de la identidad en forma previa a la del periodismo, aconseja revisar los temas en ese orden. Sabemos que desde la misma conquista del continente las clases sociales dominantes han instalado sus propios valores y buscaron "naturalizarlos" como si fueran indiscutibles e inherentes a todos. Han acuñado, por ejemplo, la idea de que los argentinos somos el producto de un "crisol de razas", con lo cual se quiere decir que somos una confusa mezcla de españoles, italianos y de otras porciones del mundo. Esta idea ha sido reforzada con la difusión de chistes, canciones o estudios académicos, según la cual los argentinos "descendemos de los barcos". En definitiva, han procurado negar la identidad propia o, si se admite alguna, se la caracteriza desde aspectos aislados, superficiales, vinculados a imágenes tales como el gaucho, el mate o el tango. Sin embargo, fuertes elementos identitarios que superan las ricas y múltiples diferencias regionales y provinciales, permiten reconocernos y que nos reconozcan como argentinos. Lejos de generar un híbrido, tales elementos se asimilaron en un sustrato nacional fuerte, al punto tal que la primera generación de árabes, japoneses, coreanos, españoles o italianos han mostrado rasgos nítidos de su argentinidad que los distingue de su padre. Elementos culturales y hasta gestuales suponen la presencia de una multiplicidad de aspectos y aportes configuradores de una identidad propia que hunde sus raíces mucho más allá de los casi doscientos años de existencia de la Nación Argentina. Así, el "che" el mismo que usamos diariamente; el mismo con el que se ha bautizado a nuestro Ernesto Guevara; el mismo que identifica a los argentinos en el mundo-, es una voz de origen mapuche para designar "gente".
La identidad es el resultado de un proceso de construcción continua, durante el cual diversos elementos contradictorios no sólo se unen, sino que se mantienen en tensión y lucha. En este proceso hay cambio y continuidad. Y se va conformando tanto en cada individuo como en lo colectivo en una totalidad de elementos que le permiten, a la comunidad y a cada uno de sus miembros, identificarse a la vez que diferenciarse. Refleja una sociedad contradictoria, en la que lo diverso se ha unificado. Pero paralelamente han fabricado otra en un proceso marcado por la hegemonía de una clase social concreta; la oligarquía terrateniente. La de ésta es una clase de identidad, o, una identidad de clase. Esa identidad la han forjado a partir de múltiples elementos ideológicos. Por mencionar un solo ejemplo, la purga de la versión original del Himno Nacional de todos los elementos que hubieran permitido reconocernos como latinoamericanos y con un origen común indígena. No fueron aires literarios los que animaron a Julio A. Roca a suprimir, entre otros, los siguientes versos y expresiones: "se conmueven del inca las tumbas/ y en sus huesos revive el ardor/ lo que va renovando a sus hijos/ de la Patria el antiguo esplendor ..."; "nueva y gloriosa nación"; "ibérico, altivo león" rendido ante un nuevo país "cuyo antiguo esplendor" arrancaba de los incas. Más aún aquel viejo imperio colonial fue transfigurado en una simpática "madre patria". A los elementos ideológicos utilizados vaya como ejemplo el recién enunciado- se le ha sumado la coerción y el genocidio de nacionalidades que quedaron subordinadas y oprimidas bajo la hegemonía de las clases dominantes que gestaron una identidad dependiente, como el país.
La identidad nacional gestada bajo la hegemonía de los latifundistas de la pampa húmeda, fue impuesta a través de la represión y el genocidio. Así ocurrió con la población negra e indígena. La masacre que llevó adelante la República fue continuadora de la iniciada en América con la conquista española en 1492. Las clases dominantes han insistido en enseñarlo como un idílico encuentro entre dos culturas. Pero el conquistador, para sostenerse e imponerse, trató de liquidar todo vestigio de cultura e historia anterior en este territorio. Implantó una historia escrita sobre la existente. Salvo excepciones, no permitió conservar, conocer o continuar la riqueza cultural de los pueblos indígenas. Más aún, hacerlo era peligroso, se corría peligro de muerte. Hablar la lengua propia era peligroso (en territorio argentino, los españoles impusieron primero el quechua y luego el español). Lo mismo que practicar la religión, mantener costumbres, cultivar granos o criar animales propios. Hemos incorporado, a través de las aulas, versiones acomodadas de los hechos históricos. Esa imagen que aprendimos en la escuela modeló y modela nuestra propia autoimagen, la que las clases dominantes quieren forjar (este papel se refuerza enormemente en la actualidad a través de los medios de comunicación de masas). Junto a la identidad dominante que nos convence de nuestra minusvalía e incapacidad- existen en resistencia y lucha aquellos elementos que nos afirman en lo que valemos como individuos, como pueblo y como nación. Como ha dicho Jauretche, "la idea no fue desarrollar América según América, incorporando los elementos de la civilización moderna, enriquecer la cultura propia con el aporte externo asimilado como quien abona el terreno donde crece el árbol. Se intentó crear Europa en América, transplantando el árbol y destruyendo lo indígena que podía ser obstáculo al mismo para su crecimiento según Europa y no según América. La incomprensión de lo nuestro preexistente como hecho cultural o, mejor dicho, el entenderlo como anticultura, llevó al inevitable dilema: Todo hecho propio, por serlo, era bárbaro, y todo hecho ajeno, importado, por serlo era civilizado. Civilizar, pues consistió en desnacionalizar si Nación y realidad son inseparables-". Estas ideas vertidas en "Los Profetas del Odio y la Yapa", fue retomado por el propio Jauretche en "Manual de Zonceras Argentinas" donde colocó el sarmientino concepto de "civilización y barbarie" en la categoría de madre de todas las zonceras argentinas. No existe en los fabricantes de esta identidad ni la más remota voluntad o idea de creación sobre la verdadera realidad y en función de la misma. Siguiendo a Jauretche, en este universo, civilización equivale a dominación; barbarie, a realidad. Civilización es Europa. Barbarie, la Argentina real. Recordemos algunas expresiones de nuestra historia. "Ser esa cosa que nadie puede definir: argentino", dice una línea de un poema de Jorge Luis Borges. "Los argentinos son una identidad metafísica", Paul Groussac (intelectual francés del régimen que fundó el Estado de 1880; Estado que abrió el campo para la cristalización de un concepto de identidad nacional fuertemente excluyente). "La victoria no da derechos", ha dicho alguna vez un presidente argentino. Esta última, parece una frase surgida de estas épocas de globalización. Pareciera afirmar como lo hace la teoría de la globalización- que las diferencias ideológicas ya no existen y que no existe otro remedio para los países que acentuar su dependencia de las potencias y dejar que "el orden natural del mercado" nos traslade a un mundo "próspero y feliz". Es decir, mundializar todo: la cultura, la economía. Más allá de que la teoría del "orden natural del mercado" ha sido profusamente refutada, la pretendida "globalización" (léase "imperialismo") tornaría ya sin sentido la existencia de las economías independientes y -¿por qué no?, la de los propios Estados Nacionales-, alterando la vigencia de conceptos básicos del derecho internacional como el de las soberanías nacionales y propiciando, en consecuencia, intervenciones de países (en realidad, la ONU ya se ha expedido sobre lo que denominó "el deber de injerencia").
IDENTIDAD Y TIERRA Aquella distribución espuria de la tierra pública que dio comienzo con las donaciones y mercedes durante la colonia, continuó con la Ley de Enfiteusis de Rivadavia y se extendió hasta la presidencia de Julio A. Roca que en una colosal repartija entre parientes, amigos y militares que participaron en el exterminio del indio, engendró una clase de hacendados bonaerenses que no sólo "sacrificó la autonomía y decoro de la Nación", sino que impuso a Buenos Aires, como un Modelo Nacional. Estructuró la campaña bonaerense con ejidos plebeyos, mensurados simétricamente en solares, quintas y chacras. Municipios endebles que, en contraste con la abundancia del entorno, inscribieron una trayectoria de marginación y postraciónmiento en función de las políticas que siempre valoraron la campaña por las vacas y el grano requeridos por el mercado agroexportador, al margen de intereses y necesidades de sus pobladores. Ni la historia particular, personal, dramática del indio, del gaucho y hasta la del colono europeo, ni la hermandad de sus destinos, fueron tomadas en cuenta. Privados de esa mirada, los pueblos se refugian en una historia institucional, ramplona, alumbrada con proclamas progresistas donde ganadores y perdedores se mezclan caprichosa y confusamente. Las nacionalidades que habitaron lo que hoy es el territorio argentino, la mayoría de las cuales reclaman cada vez con más fuerza sus derechos nacionales, han aportado a nuestra identidad con múltiples elementos. Elementos que fueron reprimidos en la lucha, pero que son parte indisoluble de nuestra idiosincrasia de argentinos. La oligarquía necesitó que lo verdaderamente nuestro nuesto siguiera caracterizándose como salvaje, bárbaro, ignorante, atrasado, sin historia ni cultura. Tales atributos fueron sucesiva o simultáneamente adjudicados al indio, al gaucho, al negro, al gringo inmigrante. Hoy caen sobre las espaldas de los "cabecitas negras", o simplemente "negritos", que robustos patovicas impiden ingresar a los lugares bailables. En estos lugares, las pautas de evaluación resultan ser las mismas discriminatorias que en América rigen desde fines del siglo XV. Simultáneante, los de afuera fueron ungidos con valores positivos: blanco, bello, poderoso, sabio inteligente. Usaron la fuerza y el terror. El gaucho típico hijo de estas tierras, nacido de la unión de españoles con indios y negras- fue condenado a vagabundear por el mismo campo del latifundista que le impedía acceder a la tierra. Cuando se acabó el ganado cimarrón, fue perseguido y obligado a servir en la estancia. Para disciplinarlo, las mismas clases que en épocas posteriores lo elevarían a símbolo de la nacionalidad, no escatimaron cepo ni torturas. Y cuando ya lo creyeron domado lo transformaron en el mítico "Señor de las Pampas" con el que hoy no consigue identificarse ningún peón rural -herederos del gaucho despojado de estas tierras- que recorre las estancias buscando conchabo. Mucho menos nuestros jóvenes que reciben permanentemente mensajes contradictorios que a un mismo tiempo desvalorizan e idealizan al criollo. Para castigo y consumo de los trabajadores de la caña de azúcar, los dueños de ingenios tucumanos esgrimieron desde siempre el látigo de los capataces y difundieron, durante décadas, la leyenda de "El Familiar", que hablaba de un negro y gigantesco perro que arrastraba cadenas, que vivía en las zabaleras de los ingenios y hacía desparecer a los obreros rebeldes. Ese método feroz de imponer el terror y la desaparición de personas se materializó, luego, a escalas gigantescas durante la dictadura militar que, sugestivamente, en Santa Lucía (Tucumán), usó los mismos sótanos donde decían que vivía "El Familiar". Los trabajadores urdieron varias "contra-leyendas" en las cuales se narraba de qué manera un tucumano o santiagueño valiente lograba hundir un puñal de plata en el corazón del gigantesco perro.
UN HECHO OCURRIDO CASI 50 AÑOS DESPUES DE LA REVOLUCION DE MAYO En la madrugada del 19 de mayo de 1859 miles de salineros comandados por Manuel Namuncurá atacaron Bahía Blanca. Para entonces, Bahía Blanca era apenas un fuerte de adobe y unas 100 casas recientemente incrementadas con la llamada Legión Cívica Militar Italiana. La defendían unos 500 hombres armados.
La derrota de ese malón es recordada con la fecha impuesta a la calle por donde entraron. En el recorrido, hay una plazoleta con una piedra conmemorativa donde puede leerse: "Por esta calle los indios invadieron Bahía Blanca el 19 de mayo de 1859, dispuestos a saquear e incendiar el pueblo".
Al día siguiente, y en presencia de los vecinos que colaboraron con distintos elementos, se debatió el significado de la fecha. Sin embargo, en el curso de la semana una cuadrilla de la sección parques nacionales retiró la obra de la plaza. Otra vez el silencio. La comunidad no debe saber que Bahía Blanca fue fundada ocupando tierras sin compra o acuerdo con los dueños, como se había hecho en Patagones y luego harían los galeses en el valle del Río Chubut. Tampoco, que uno de los motivos inmediatos del malón, fue el traicionero asesinato de uno de sus más valientes caciques durante tratativas de paz. Menos aún, debe conocer el horroroso fin de la jornada: la hoguera de cadáveres que, según algunos documentos, humeó más de un día. Es la misma Bahía Blanca que desde hace años La oligarquía necesitó que lo verdaderamente exhibe los índices más altos de desocupación del país. En septiembre de 1995, un conjunto de desocupados se organizó y armó una carpa en la Plaza Rivadavia, al lado del mástil central, frente a la municipalidad. La carpa y su olla popular permanente- duró 50 días. La Nueva Provincia, único diario de la ciudad, tituló: "Atentado. contra la urbanidad". ¿Otro atentado de quienes son víctimas? DESOCUPADOS ¿LOS NUEVOS DESAPARECIDOS DE LA ARGENTINA? ¿La identidad de los vencidos despareció? ¿La identidad nacional de esos pueblos quedó únicamente refugiada en las pequeñas comunidades aborígenes, significativamente llamadas desde el poder "reducciones"? Debemos entender que no. Es la desocupación otro atentado a la identidad. Uno es, también, por lo que hace. Difícilmente escuchemos a alguien decir "mi trabajo consiste en...", "Yo trabajaba en...". Pero sí: "Soy metalúrgico", "soy de la alimentación", "soy astillero", y así, operario, frigorífico, estibador, judicial, municipal. Más aún, siempre ha sido muy fuerte la identificación del argentino con su propio sindicato. No tener trabajo, no poder pertenecer a un sindicato, atenta contra la propia existencia. El sistema desarrolla una lógica macabra según la cual el que no está en el mercado, el que no trabaja, no es.
"Oración de un desocupado". Padre,
Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,
(Poema de Juan Gelman, de "Violín y otras cuestiones" 1956). La lucha, las manifestaciones populares, los cortes de rutas u ollas populares. ¿Tienen algo en común con la identidad que se ha intentado ocultar? En opinión de este autor, sí. En ambos casos sus protagonistas son los mismos. En ambos casos, sus protagonistas hacen visible lo invisible. Como los interminables pasos que las Madres dan alrededor de la Pirámide y que hacen visible lo que han intentado desaparecer. APORTE DEL PERIODISMO Para mantener y conservar el estado de las cosas o para modificarlos en alguna dirección determinada, todas las organizaciones con intereses políticos de una sociedad deben procurar que un segmento cuantitativamente importante o muy influyente de la población, participe de sus valores. Esto implica una tarea de difusión ideológica y, por ende, el control de los medios de comunicación de masas.
Si alguna vez en la historia de la humanidad el hombre tuvo una cosmovisión del mundo a través de sus creencias religiosas, hoy la tiene por intermedio de los medios masivos de comunicación. Aquellos hombres primitivos se sentaban alrededor de la hoguera; hoy, alrededor del televisor. Muchas veces los medios hacen uso y abuso de los mentados vicios y los armonizan con sus negocios. La discriminación es uno de esos vicios. Son muchas las oportunidades que ofrecen los medios periodísticos para distinguir cuándo promueven la discriminación. Algunas de ellas muestran casos demasiado groseros (avisos clasificados, espacios publicitarios, etcétera). Otras, en cambio exhiben la discriminación que se ejerce de un modo más sutil y no siempre perceptible. Es justo reconocer que cuentan con la inestimable colaboración del sistema educativo como generador de falsos prototipos y de estigmas descalificadores. El papel fundamental que los medios cumplen en la difusión y afianzamiento de la filosofía de mercado y de una cultura de masas va suplantando progresivamente a las culturas populares, de cuyos elementos se apropia para aplanarlos, resignificarlos y despojarlos de toda dignidad.
Han instalado una "realidad" de joven ganador, blanco y millonario que se mofa de lo negro y pobre. Buscan con el espectador una complicidad sobre la base de la burla y la humillación para legalizar un proyecto, un modelo que, con seguridad, no generarían por sí mismos los millones de televidentes. Los mismos que por la mañana sufren la crisis productiva y el ajuste laboral, asisten por la noche a una diversión de dudosa calidad. Es decir, circo sin pan. El paradigma comunicacional es hoy informativo, no reflexivo, lo que ya de hecho mutila una dimensión de la cultura: la profundidad. No hay tiempo para detenerse en nada. La velocidad con que se transmite la información no permite analizarla. Estamos bombardeados por imágenes, palabras, sonidos. ¿En qué medida esto nos permite informarnos sobre la realidad? ¿ En qué medida ocultan, silencian o, directamente, niegan la realidad?
El juego de silenciar parte de la realidad y sobredimensionar otros aspectos de la misma, se percibe, por ejemplo, en la forma en que Samantha quedó instalada como un ser omnipotente en todos los medios, mientras se escondían y esconden la moderna esclavización a la que son sometidos miles de jóvenes que trabajan en supermercados y casas de comida rápida. En este juego, omitir significa desinformar.
Obviamente estas experiencias audiovisuales afectan el proceso de fijación de la auténtica identidad.
El sistema de información descripto abre otro frente contra el que el pueblo debe luchar: combatir el agnosticismo que el periodismo genera y que se resume en la expresión "en este país nunca va a cambiar nada".- Ningún noticiero es inocente, como tampoco existe tapa de diario inocente. Es muy potente el poder para crear ficciones y producir efectos. Tampoco existe un noticiero nacional. La que más atención recibe es la Provincia de Buenos Aires. Neuquén, por ejemplo, aparece en los medios cuando se producen cortes de ruta por los piqueteros. Pero la realidad permanente de Neuquén es desconocida por gran parte del resto del país.
Aparece como insoslayable la mención de la información de la Guerra del Golfo (episodios I o II, el que se prefiera).
Por aquella época Eduardo Galeano escribió:
En esa selección de noticias de los medios, los argentinos hemos leído por ejemplo: "Que se vayan a lavar los platos los científicos nacionales", Domingo Cavallo; "Yo no aprendí nada en la Universidad argentina, tuve que irme afuera a aprender.", Roque Fernández. A los días de la última expresión citada, y en el marco de la presentación de un libro sobre los efectos aun vigentes de la dictadura y la impunidad, el ex fiscal y diputado Ricardo Molinas opinó sobre la confesión de Fernández: "Me parece natural y lógico. Sólo afuera pudo aprender a dejar a nuestro país como lo deja". Ningún medio recogió la respuesta, y menos la presentación del libro. Esta selección ya no de las noticias, sino de los temas que la gente debatirá el día siguiente-, la realizan, como siempre, grupos hegemónicos. Al leer un diario, al escuchar la radio, al ver un programa y hasta una película aparece el mismo "sol", los mismos "cubitos", las mismas "esferas" (Canal 13-LA TELE, AMERICA, TELEFE). Símbolos que representan a tres monopolios de comunicaciones en la Argentina.
EXPERIENCIAS DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN POPULARES Recordemos que la ley de Radiodifusión 22.285, sancionada por la última dictadura militar en 1980, prohíbe a entidades intermedias y grupos sociales el acceso a licencias de radios y canales.
El titular de Radio Sapucai (FM que transmite para los más de 20.000 habitantes de la Villa 21 que está ubicada entre Barracas y Parque Patricios y que inicialmente funcionó como una propaladora con seis altoparlantes distribuidos en la villa), contó que "la necesidad hizo que nosotros mismos creáramos un medio de comunicación que nos ayude en la organización; como se sabe, las necesidades sobran en la villa". La mayoría de las FM, tienden a defender los valores democráticos, participativos, solidarios, y en contra del sistema que reafirma el "no te metás", "sálvese quien pueda", "lo único que importa es ser exitoso". Además son muchas veces el único medio convocante para la solución de sus problemas. El caso Carrasco emblemático ejemplo de autoritarismo, impunidad y exclusión- mereció la primera reunión en FM Victoria. La misma FM que invitó a los padres de algunos soldados, hizo conexiones con programas de Buenos Aires como Hora Clave, para que viajaran los padres de Carrasco e hizo gestiones para que los recibiera el Presidente.
El cuadro descripto sugiere que la batalla por la identidad no puede ser librada fuera de los medios y que no queda más que conquistar espacios para emitir mensajes y defenderlos de los eventuales o seguros- ataques.
Sucede que en el inmenso mar de noticias de una sociedad como la actual, una enorme cantidad de ellas tienen que ver con la esperanza. Son las noticias de aquellos que, incluso sufriendo, no se entregan y luchan por gestar la esperanza para sí mismos y para otros. Ciertos movimientos sociales, cierta restitución de las redes identificatorias y de lazos solidarios se verifica en los grupos, y es importante destacar cómo se crean o recrean grupos en todo el país que permitan involucrarse y el sostenimiento de proyectos vitales. Son noticias que se refieren a nuevas formas de organización y de protagonismo social, a veces inéditas, pero siempre seguras de que el discurso hegemónico no es el único posible, como autopostulan sus mentores. Finalmente, queda otro lugar de resistencia.
Habría que buscar en este campo el paralelo de los cortes de ruta; debemos recrear contraleyendas como nuestros hermanos tucumanos, cartas y homenajes como los bahienses a nuestros indios y las mil formas de luchas de cientos de miles de argentinos por sus derechos. Es preciso ocupar en cualquier lugar del país la primera silla ante cada aparato de televisión o radio, ante cada diario y revista para ganar la batalla en el lugar donde llega la información. Debemos ser capaces de imaginar sistemas complementarios que nos permitan llegar a cada grupo de audiencia para discutir el mensaje en su punto de llegada; de establecer los códigos de llegada para confrontarlos con los de partida. Instaurar el concepto de "libertad de recepción" como complemento de la "libertad de expresión" que dicen los medios utilizar. Suministrar al pueblo instrumentos que le permitan desmontar los mensajes falsos, estupidizantes y autoritarios para el consecuente rescate de su cultura (nacional, popular y latinoamericana) e identidad de la degradación a la que es sometida. Fernando Bein BIBLIOGRAFIA.
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