|
|
La Redvista Electrónica de Cultura Latinoamericana en Canadá Los Tesoros Culturales del Mundo Hispanohablante |
| Página previa | Página siguiente |
|
Terminaba el día y ella todavía no tenía para dar de comer a sus hijos. Se dirigió a la casa de la Señora; allí conseguiría algo, se dijo, pues siempre tenía de sobra. Al parecer no había nadie; el apuro era grande y ella pensó en sus pobres hijos pidiéndole comida, entonces trepó decidida por la enredadera y así logro entrar al jardín. Vio una ventana abierta y no esperó ni un segundo; ya dentro de la casa, buscó el camino a la despensa, la cual se encontraba abierta.
Su estómago, vacío durante días, produjo ruidos diversos, mientras que su boca se humedecía con la saliva y su mente se inundaba con los pensamientos de lo felices que serian sus hijos al ver tanto alimento. Una vez superado el trance que le produjo aquella visión, regresó a la realidad y se decidió por un gran jamón que se asomaba bajo un paño de algodón. Justo cuando avanzaba para pepenarlo, se percato de que no podía mover una de sus piernas, la cual literalmente estaba pegada al suelo; trato de zafarse, pero sólo logró pegarse más. Hizo uso de todas sus fuerzas sin lograr liberarse; no pudo más y cayó de bruces rendida por el cansancio, adhiriéndose entonces la mayor parte de su cuerpo a la superficie pegajosa en que se encontraba. Nuevamente volvió a insistir tratando una y otra vez, pero de nada sirvió ningún esfuerzo, el pegamento cubría todo su cuerpo. Sintió que la angustia se desbordaba fuera de si y sin poder evitarlo cayó en un letargo de inconciencia. Un sueño invadió su mente entonces. En este, llegaba a su casa cargando esa gran pierna de jamón y sus hijos felices la vitoreaban dando vueltas entorno a ella. De pronto una voz en la lejanía la despertó de su sueño, al parecer la Señora y su familia se encontraban de regreso. La angustia por el momento difícil en el que se hallaba volvió a hacerse presente; tenía que salir de ahí antes que alguien la encontrara en esa absurda situación. Se esforzó nuevamente para poder despegarse, sintió un gran dolor pero la búsqueda de la libertad nublaba su mente y de pronto fue como si la piel comenzara a desgarrarse, y realmente era lo que ocurría. Pero esto no acabo con su determinación de liberarse. Ella veía aterrada como parte de su piel y cabellos se desprendían, para quedar fijos en el suelo, mientras el dolor se incrementaba más y más.
Uno por uno sus hijos la rodearon e, inclinándose para llorar, la acariciaron y besaron en un inútil intento por reanimarla. Pero luego acercando sus encorvados cuerpos, los hambrientos pequeñuelos comenzaron un atroz rito. Los afilados dientes se hundían en su carne justo cuando ella permitía brotar una lágrima de su ojo izquierdo. Pese a todo el sufrimiento, ella se encontraba feliz, pues sus hijos podrían sobrevivir a ese frío invierno. Sentía alegría, pues trascendía por ella y en sus hijos. Que en pocos meses tendrían fuerzas para procrear y alimentar a sus propias familias. Su cola se meneó por un par de segundos como si tratara de abrazar a sus hijos y finalmente expiró. (c) Manuel Romero Mier y Terán |
|
| Página previa | Página siguiente |
|
Loading...
|